Una habitación para el día y otra para la noche

Todo el mundo sabe que el invierno y los pintores no nos llevamos demasiado bien. Si alguien no lo entiende, que se plantee pintar en uno de esos días de lluvia y humedad que en tantas ocasiones hemos tenido este invierno, y enseguida lo entenderá.


Sin embargo esto tiene su lado bueno, y es que tenemos más tiempo, y eso anima a probar cosas nuevas. 
Este último trabajo ha sido una ampliación, más bien, de uno que ya estaba hecho, y que como lo tengo en casa, me ha venido de perilla para experimentar con el.
Lo que propongo en esta ocasión es hacer un mural, o simplemente una decoración, para nuestra habitación, que se pueda disfrutar por la noche, en la oscuridad. Pero es más, podríamos hacer una decoración para los momentos del día, y una complementaria, integrada en la primera pero diferente, para la noche.

 En la fotografía de la izquierda tenemos un mural que ya lleva tiempo en este blog. Carga de energía positiva la habitación, sin embargo, por la noche, el mural desaparece, y en su lugar no hay nada, ninguna referencia que oriente a los pequeños cuando se levantan al servicio o a cualquier otra cosa.
     
Para esto existen materiales, que tienen propiedades luminiscentes, osea, que brillan en la oscuridad. Algunos también los conocerán por pinturas fluorescentes, o fosforescentes.

 
 A mí, el nombre, no me importa demasiado, pero lo que si me ha fascinado es la infinidad de posibilidades que brinda, a la hora de crear fantasías en las habitaciones de nuestros pequeños.  

En el ejemplo, he pintado las letras, porque son bastante voluminosas, y están encima del cabecero de cada cama, lo que va a servir para orientarlos cuando se despierten un poco despistados.

El resto es un clásico, lo se, pero yo pienso que hay que empezar por los clásicos para después aventurarse en lo desconocido. 

 El cielo estrellado, hace el efecto de que el techo baja de altura, convirtiendo la estancia en un lugar más acogedor. A los niños les encanta, y hasta yo mismo, tengo que reconocer, que he sentido la tentación de hacerlo en mi habitación.

Por otra parte, va de muerte para los niños que tienen miedo a la oscuridad, y como ya hemos dicho, para señalizar el camino hacia la salida, o incluso algún obstáculo.

Para terminar, voy a insistir en la posibilidad de integrar dos murales en uno, de poner un mensaje para el día, otro para la noche...etc,

Es más, como se puede apreciar en la imagen de la derecha, el brillo, es progresivo, de manera que según baja la intensidad de la luz, empieza a brillar el dibujo luminiscente, pero de forma tímida, lo que hace que en un momento concreto, convivan los dos murales en una suave penumbra, hasta que la noche le otorga todo el protagonismo al motivo luminoso.

Como siempre digo, esto es solo un ejemplo, existen infinidad de posibilidades, combinando diferentes materiales y  diferentes estilos. Adaptarnos al lugar en ocasiones nos brinda la posibilidad incluso de encontrar algo original que de otra forma no hubiéramos descubierto. Y por supuesto, en tiempos de crisis, el "precio", no es escusa, porque se pueden hacer cosas bonitas y originales, sin necesidad de poner la "Capilla sixtina" en casa.

Espero que os haya gustado. Hasta la próxima.

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