Tréboles de la suerte, para escribir en tiza, sus deseos.

El verano es época de limpiezas, de pintar exteriores, de arreglar humedades, y por este motivo llevaba tiempo sin colgar ninguna habitación. Por suerte, no hay mal que cien años dure, y aquí tengo la última  que he tenido el gusto de pintar.

 En este caso nuestra pequeña anfitriona vive en San Bartolomé de la Torre (Huelva), en una urbanización tan pintoresca que comúnmente se le llama "Las casitas de chocolate".

El entorno no podía ser más de cuento, y por este motivo nos planteamos un reto, y era el de combinar varias técnicas y productos, en la misma habitación, para crear una fantasía que se pudiera ver tanto de día como de noche, y que además de ver, también se pudiera tocar, pintar, borrar, y modificar al antojo de su simpática moradora.