Tréboles de la suerte, para escribir en tiza, sus deseos.

El verano es época de limpiezas, de pintar exteriores, de arreglar humedades, y por este motivo llevaba tiempo sin colgar ninguna habitación. Por suerte, no hay mal que cien años dure, y aquí tengo la última  que he tenido el gusto de pintar.

 En este caso nuestra pequeña anfitriona vive en San Bartolomé de la Torre (Huelva), en una urbanización tan pintoresca que comúnmente se le llama "Las casitas de chocolate".

El entorno no podía ser más de cuento, y por este motivo nos planteamos un reto, y era el de combinar varias técnicas y productos, en la misma habitación, para crear una fantasía que se pudiera ver tanto de día como de noche, y que además de ver, también se pudiera tocar, pintar, borrar, y modificar al antojo de su simpática moradora.



Para empezar, elegimos los colores, que no por ser los clásicos para una habitación de una niña, tienen que dar un resultado menos original. Combinamos la mitad de la habitación en un rosa palo, con la otra mitad, en un rosa mucho más intenso.

La idea era que la habitación quedara de un color contundente, pero sin que agobiara demasiado.
Elegimos la pared que posteriormente llevará las estanterias para el color más oscuro con idea de que contrastara con el blanco de estas.

Para los dibujos elegimos un color fucsia, ya que tenían que contrastar con el rosa palo e incluso resaltar junto al rosa intenso.

Una vez elegidos los colores, la idea era hacer una pizarra que le diera opción a nuestra pequeña artista a complementar el trabajo con su propia creatividad. Sin embargo una pizarra al uso nos parecía poco acertado en este caso, así que nos decidimos por unos tréboles, que, una vez de puestos, pues parecía lógico que fueran de la suerte, que es algo que nunca está de más.

 Aunque en las imágenes la habitación está vacía, entre el trébol que nace del suelo, y la esquina de la que nace el trebol superior, va el cabecero de una cama nido, de manera que cuando esté abierta la cama del piso inferior, cada cama tendrá su trebol sobre la almohada, y cuando esté recogida, el trebol más bajo, tiene la altura perfecta para que la pequeña acceda a el sin problemas.

Como decía al principio, no nos hemos conformado con el detalle de las pizarras, y también le hemos pintado un techo de estrellas que brillan cuando se apaga la luz para que le den compañía en la oscuridad de la noche.

Yo no pude escribir ningún deseo en estas hojas de pizarra, porque cuando terminé todavía estaba fresca la pintura, pero espero que todos los que escriba mi pequeña clienta, se hagan realidad.

Hasta pronto.


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