Martina Mouse

En algunos trabajos, parece que las cosas pasan sin que nadie las controle, como si siguieran un guión escrito. En este caso, cuando estábamos decidiendo lo que íbamos a poner en la habitación, ninguno de los tres sabíamos nada, y hablando hablando, como por arte de magia fueron surgiendo ideas que coincidían en lo que cada uno tenía en la cabeza.


Esta habitación, tiene el curioso record, de ser la que he pintado más cerca de mi casa, sin estar dentro de ella. A pocos metros, casi en la misma calle, los futuros papás de Martina, me invitaron a poner mi granito de arena en la estancia que estaban preparando para su pequeña.

Como de costumbre empezamos hablando, hablando mucho, quizás más de lo necesario, pero eso no importa demasiado, porque es la única manera que conozco, de que todos sepamos lo que pensamos, lo que nos gusta, y sobre todo,"La idea". La que tienen ustedes, y la propuesta que yo puedo hacerles.

A la señora mamá, le gustaba Minnie Mouse, con su vestido rosa de lunares blancos. Pues bien, ¿quien somos nosotros para llevarle la contraria?

A partir de ahí, todo vale, pero solo algunas ideas son buenas, o por lo menos pueden quedar estéticamente aceptables.

Después de mucho divagar, nos decidimos por esta idea de zócalo, suspendido, por decirlo de alguna manera, y el personaje sentado sobre el, con el nombre en letras blanco satinado, para aportarle el equilibrio que nos faltaba.

Al principio, la habitación parecía rosa, pero las rayas que le pusimos contribuyeron a destacar una tonalidad que aparecía oculta, y que tiraba un poco a naranja. El conjunto quedó muy agradable, y nos  permite darle protagonismo a la ratita.
Entre el zócalo y Minni, las letras, blancas como la escayola.

Al final, como casi siempre, nos fuimos sorprendiendo a nosotros mismos, unas veces estrujándonos los sesos, y otras, dejándonos llevar por la situación, como si de un barco a la deriva se tratara.


Pienso que esa es la única forma de descubrir otras posibilidades, otra forma de hacer las cosas. Dejarnos llevar. Y sobre todo, disfrutar, de lo que estamos haciendo. Algo a lo que contribuye uno mismo, haciendo lo que le gusta, pero mucho más, nuestros anfitriones, que una vez más como en casi todos los casos han hecho que me sintiera tan agusto, que en más de una ocasión olvidara que estaba trabajando.


Muchas gracias, pareja. Por pensar en mi, para la habitación de vuestra pequeña, y por hacer que el tiempo que he pasado trabajando, se fuera volando.

Como digo siempre, esta es una idea más, de las infinitas posibilidades que hay para decorar una habitación. El dinero, el tiempo, o la habitación, va a ser nunca obstáculo, para que consigamos que mi trabajo haga de vuestro hogar, un lugar especial. Solo necesitamos librarnos de los prejuicios, y soñar. Soñar sueños posibles, porque soñar es de las pocas cosas verdaderamente gratuitas que hay en este mundo.