Una de ideas, originales.


La globalización, es un fenómeno muy actual, que pretende hacer del mundo, un mercado estandarizado, donde todos, compremos con los mismos criterios, donde todos tengamos los mismos gustos, y donde todos en definitiva, seamos esclavos de las modas, carezcamos de ideas propias, y deseemos lo que nos dicen, que tenemos que desear.



  Precisamente, en ese mundo, cada vez más genérico, tienen que sobrevivir, artistas, artesanos, maestros de oficios tradicionales, que trabajan y defienden precisamente lo contrario.

La admiración por la originalidad, se empieza a convertir en una costumbre elitista, reservada a gente adinerada, que consume exclusividad, hecha a mano, a la medida, mientras que para el resto, se reservan contenedores de productos hechos a miles de kilómetros de su país, con un mismo criterio para culturas distintas, y que al final, ocuparán las estanterías de grandes superficies, en las que elegimos entre lo que nos ofrecen, sin preguntarnos, ni de lejos, que es lo que necesitamos.

Ese mismo proyecto, debieron de tener los romanos, que hablaban latín, como el mensaje que ilustra este arco de una entrada, y que al final, como casi todos los delirios imperialistas, terminó convertido en cenizas, sustituido por otros.



Eso es lo que significa este mensaje de bienvenida, "Una cosa por la otra", y al final como conclusión es lo que seguimos practicando los defensores del trabajo personalizado, poner un trabajo hecho a medida, sobre otro hecho en serie, sin alma, ni personalidad.

Este trabajo, ha sido en Huelva, Paseo Santa Fe, un sitio en el que da gusto asomarse al balcón.
Las dos ideas, son de esta amiga que quería poner un mensaje en latín, sobre el arco de la entrada, y que yo acompañé de un estuco en blanco y gris, imitando al mármol, y en el cual pintamos las letras, dejándolas dentro del estuco, para que parecieran antiguas. Como si estuvieran hechas hace mucho tiempo.

Lo siguiente, es una rosa de los vientos, que hemos pintado sobre un paño que previamente estaba pintado en un color entre fucsia y morado. El dibujo es en blanco, haciendo un efecto de negativo, que queda muy elegante.


La rosa de los vientos, será el cabecero de la cama, por ese motivo no está centrada en el paño, sino  entre el espacio que va a ocupar la cama.

Una vez más, nuestra tarea, ha ido más allá del simple trabajo de pintar lo que se nos pide. Ha habido que pensar, hablar mucho, y buscar en el baúl de las experiencias, para al final, conseguir plasmar en la pared, lo que nuestra clienta tenía en la cabeza.
Parece fácil, pero si lo fuera, no tendría ningún encanto.

Espero que os guste a todos, y a su propietaria, que le ayude a conservar el norte, y le acompañe, en el sueño del próximo trabajo, que tenga a bien proponer.