El osito de Tous, para una habitación de bebé

Al sur del sur, de la vieja Europa, donde se funden las aguas cobrizas del río Odiel, con el océano Atlántico, en un rincón tan apartado como mágico, donde la vida brota sobre el lodo de la marisma, y crían especies tan emblemáticas como el flamenco y la espátula, hay un poblado, llamado Corrales, talismán para este humilde pintor.


Un toque flower power para la habitación de Victoria.

Las habitaciones para bebés, tienen un punto extraño, pues pintas para alguien que está dentro de la barriga de la persona que te contrata. Para los niños pequeños sin embargo, tiene su punto, pues ellos lo agradecen con miradas de asombro que alimentan el espíritu de cualquiera. 



En este caso, no es lo uno ni lo otro. Pintar para alguien que disfruta de esa edad que todos añoramos, que vive esa adolescencia tortuosa, pero inolvidable, te obliga a viajar en el tiempo, a sentir lo que sentías en esos años, para encontrar una solución guapa, pero al mismo tiempo aceptable para sus padres, que al fin y al cabo son los que tienen la última palabra.