El osito de Tous, para una habitación de bebé

Al sur del sur, de la vieja Europa, donde se funden las aguas cobrizas del río Odiel, con el océano Atlántico, en un rincón tan apartado como mágico, donde la vida brota sobre el lodo de la marisma, y crían especies tan emblemáticas como el flamenco y la espátula, hay un poblado, llamado Corrales, talismán para este humilde pintor.



Ya eran tres, los pequeños que dormían bajo la atenta mirada de los personajes que surgieron de nuestro trabajo. Ahora, una cigüeña, de las muchas que abundan en este rincón del mundo, dejará la cuarta, la primera de las señoritas, en una habitación que junto a sus padres hemos pensado y mimado desde el más pequeño de los detalles.


Como ya se puede apreciar en las imágenes, la sutileza ha sido la norma en este trabajo. Hemos buscado el mínimo contraste, para destacar de la forma más suave, en una pared, el nombre de Ariadna, y en la otra, la silueta del Oso de Tous, ambas, en un equilibrio perfecto, entre el rosa palo, y el blanco natural.


Como siempre digo, y aunque le ponga el mayor de mis empeños, las fotografías no hacen justicia al trabajo, pero sirven para hacerse una idea aproximada.

De nuevo, la mezcla de ideas, entre lo que la mamá de Ariadna y yo, teníamos en mente, ha contribuido, a conseguir un resultado original, personalizado, y distinto al resto. Son tan importantes las aportaciones, de cada cliente, que aunque por si solas no tuvieran fundamento, terminan dando al conjunto, ese toque personal, que me permite, no repetir en ningún trabajo, y tener un abanico tan amplio de propuestas.


En este caso, Rocío, tenía claro, el rosa en la habitación que disfrutará su pequeña, y el oso de Tous, que como a la misma Rosa Tous, a la que bien parecería que homenajeamos con este trabajo, le trajo los más dulces recuerdos de su infancia, y decidió convertirlo en la marca de sus creaciones, para que sus adeptos, pudieran rememorar esos momentos, cuando lucieran sus joyas.


Otro poco, lo puse yo, y lo dejé como en cada habitación, ilusión, y esmero, sin olvidar la profesionalidad. Esta debería de presuponerse, cuando alguien llama a un pintor, para poner guapa su casa. Por desgracia no siempre es así, pero en nosotros está, cambiar las cosas.

Antes de despedirme, quisiera desearle de nuevo  a  Rocío y a Agustín,  que todo vaya a pedir de boca, y que pronto tengan a la pequeña Ariadna, en sus brazos.
Al resto, como siempre, espero que les haya gustado, y si no, pues prometo esmerarme más en la próxima.

Un saludo a todos.

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