El estilismo de una mariposa y el color del arco iris

En todas las entradas, me gusta nombrar a las personas que participaron en el diseño del trabajo que enseño. No se trata por supuesto, de ningún equipo técnico, ni siquiera de un grupo creativo. Mucho más sencillo. Las client@s y yo, y como mucho, algún agregado. Ya sea vecino o familiar.


En esta aventura, la persona que me ha ayudó a definir el mural, ronda los 9 años, y aunque a primera vista, podía parecer que carecía de autoridad para semejante tarea, fue la elegida para dormir al pie de este, por lo menos hasta conseguir la "independencia". Así, que parece, que este pequeño detalle, la acreditaba de sobras para aquel importante acometido.

El rosa de la habitación, de antemano, era indiscutible. Nada de rositas ñoñas, este habría de ser, rosa chicle. Contundente, que te entrara por los ojos, y te saliera...por las uñas de los pies.
Que en ningún caso, uno pudiera dudar, que había entrado en los límites infranqueables, de la pequeña de la casa.

Un boceto de su puño y letra, habría de servirnos para encontrar el camino que nos llevara hasta el objetivo.

Las dudas, nos asaltaban como siempre. Enfrentarse a una pared en blanco nunca es fácil.

Contamos los pasos, para encontrar el centro desde el que iniciar la búsqueda.

Un trazo, alguna marca aislada, y mucha, mucha virutilla, de la goma de borrar. Es lo que tienen las paredes de mezcla, que se comen a las indefensas gomas de borrar, dejando sus restos esparcidos por el suelo, y sobre el rodapié. O mejor dicho, sobre el plinton, que es como se dice aquí, que es donde tenemos, aunque en secreto, la fortuna de hablar la versión enriquecida del español.


El boceto, hablaba de un arco iris, y donde termina este, ni un oso amoroso, ni una olla de oro, sino una mariposa. Difícil de imaginar, pero seguramente, era mejor así, pues eso nos regalaría la posibilidad de improvisar, de decidir el siguiente paso en cada momento, de descubrir, lo que ni nosotros mismos sabíamos que teníamos dentro.


No se si esta aventura nos habrá cambiado. Lo que si que cambió, fue la habitación. Una vez más, al final del camino, toca irse, y ya no como un aventurero, sino como un turista más, llevarse una foto de recuerdo, para ilustrar, quien sabe si las historias de abuelo en el futuro, o simplemente las entradas de este blog en el presente.

Agradecidos, por la experiencia, espero que lo entregado, haya estado a la altura de lo recibido, porque solo así conseguiremos que la aventura continúe. Y que continúe en Palos de la Frontera, que es donde hemos hecho este mural, el primero, en la tierra de la que partió Colón, para descubrir el Nuevo Mundo, y que espero, que no sea el último.

Gracias a Candela, por prestarme su habitación por un par de días, y a sus padres por contar conmigo.

Un saludo a todos, y hasta la próxima.