La delicadeza de los tonos neutros

Tener la cámara a mano, cuando hay que estar pendiente de tantos detalles, para que no falte nada, a la hora de empezar un trabajo, no es fácil. En este caso, las fotos, no van a hacer justicia, al trabajo hecho. No obstante, no me he podido negar, pues esta habitación refleja a la perfección, el concepto de que no son necesarios grandes despliegues, para conseguir un resultado, tan bonito como este. Algo en lo que me gusta insistir, pues en la vorágine consumista en la que vivimos, parece que todo gira en la dirección contraria.




Como se aprecia en la foto, hemos puesto dos colores básicos, con el objeto, de dejar para el futuro, las puertas abiertas, a cualquier color, para los complementos de la habitación.

Gris, un poquito más subido que el perla, y blanco. Un resultado clásico, que va a estar de moda toda la vida.

Para la pared blanca, la futura mamá, eligió, este estampado de lunares, que hicimos a mano, para poderlos adaptar a nuestro antojo al espacio. Además, esa pequeña irregularidad de los topitos, le da un toque artesanal al resultado final, que contribuye a hacerlo más valioso si cabe.


La habitación al final, quedó como se puede apreciar en las imágenes. Un espacio agradable, y armónico, para albergar los primeros años del bebé que está en camino, y que intuyo, que cuando publique esta entrada, va a estar a puntito de llegar.

Mucha suerte a sus papás, y que disfrutéis, este trabajo, tanto como yo lo hice pintándolo.
Al resto, hasta la próxima, que esta vez prometo que será pronto.



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