Una historia de Piratas

En realidad, todos los murales, todos los trabajos, tienen una historia. De como llegamos a ellos, de cuales fueron las razones que nos animaron a hacerlo así y no de otra forma....
Pero en este caso, el mural lleva una historia implícita, que se aprecia, nada más entrar en la habitación, y que seguro que va a inspirar muchas otras a lo largo de su vida.



A primera vista, solo vemos a dos piratas. El sexo, es lo de menos. Como los pintamos en los días del Orgullo, vamos a dejarles elegir a ellos.

Navegan en una estrella, llevados por los vientos estelares, que azotan el calcetín del palo mayor. De vez en cuando hay que comer, por eso uno de ellos aprovecha para pescar algo.


Mientras tanto el otro tripulante no pierde ojo en la popa del barco. Mira por su catalejo, atentamente, pendiente de cualquier cambio en el horizonte.

A poco que nos fijemos, sabemos lo que buscan, pues en el lateral de su embarcación, aparece  como si estuviera tatuado, su destino, el mapa de su tesoro.


Un cofre de estrellas doradas, que reposa sobre el regazo de la luna, en algún lugar del cielo.

Quizás al otro lado del mundo, o por qué no, en otra pared de su misma habitación.


Lo cierto y verdad, es que no hay ninguna habitación que iguale al firmamento en tamaño, porque si no. no habría pintura en el mundo para pintarla. Es por esto, que tengo la certeza, de que los piratas de nuestro cuento, a poco que se lo propongan, encontrarán su tesoro, que no anda muy lejos de su ruta.

Rafael, que pronto estará estrenando  su habitación, y pirateando la vida de sus papás, seguro, que encuentra otra historia para nuestro mural. Entretanto nos vamos a conformar con esta.

Un saludo a todos, y hasta la próxima.



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